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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
Comentarios de la Lección 

I Trimestre de 2008 

El discipulado 

Lección 5 

2 de Febrero de 2008 

Género y discipulado 



Prof. Sikberto Renaldo Marks 

Versículo para Memorizar: "Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hága- 
se conmigo conforme a tu palabra" (Lucas 1 :38). 

Introducción 

Las mujeres tienen una lógica de razonamiento distinta a la de los hombres. Mientras 
ellos son más racionales, ellas son más sensibles. Mientras ellos utilizan más la lógi- 
ca, ellas lo hacen con la emoción. Mientras ellos buscan convencer, ellas procuran 
persuadir. Por lo tanto, en lo que respecta al discipulado, también las mujeres cier- 
tamente reaccionan de manera diferente. Esta diferencia entre mujeres y hombres no 
los coloca en un nivel superior uno al otro. Son diferentes, pero están al mismo nivel, 
y -por lo tanto- se complementan. 

El rol de las mujeres en la Biblia ha sido, generalmente, acciones de base, no fronta- 
les. Por "acciones de base" queremos definirlas como acciones de segundo plano, 
sino -muy por el contrario- el fundamento de algo importante. Las mujeres en la Bi- 
blia han sido madres de grandes personajes, personas que nunca habrían llegado al 
nivel de grandeza que evidenciaron si no hubiera sido por sus respectivas madres y 
esposas, sino ambas. Este es el caso de Moisés y Abrahán, por ejemplo, que tuvie- 
ron madres y esposas ejemplares. 

En cierta manera, la ausencia de más relatos acerca de mujeres en la Biblia confor- 
ma una laguna. Muchas de las "acciones de base" quedaron sin registrar. Tal sería el 
caso de la madre y/o la esposa de Enoc. Me gustaría mucho saber acerca de ellas. 
Seguramente algún día tendremos información acerca de ellas. Más aún, hablare- 
mos con ellas. 

El hecho es que la Historia fue construida por mujeres y hombres. Las mujeres, ge- 
neralmente, como iluminadoras del hombre. Es muy simple entender por qué en las 
acciones frontales siempre tenemos más hombres que mujeres. Básicamente, por- 
que en el pasado se requería de mucha fuerza física para esas acciones. Un ejemplo 
de ello es la guerra. Otro siempre ha sido el prejuicio y el rechazo de la sociedad pa- 
ra que las mujeres tomaran parte en acciones junto a los hombres en niveles como el 
gobierno. Si una mujer no podía arrastrar un cañón, no podría participar del mando 



de la tropa, por ejemplo. Hoy tenemos en las empresas cada vez más mujeres parti- 
cipando y eso ha sido bueno porque se expande el espectro de la mirada estratégica 
con la participación de personas que ven las cosas de manera diferente. 



"Hágase conmigo" 

Observemos bien los contrastes que encontramos en Lucas 1 :26-38. Dos mujeres 
dieron a luz dos niños. A una ya se le había pasado la edad de engendrar hijos; la 
otra todavía era virgen. Ni una ni la otra deberían haber tenido hijos, y sin embargo, 
las dos los tuvieron. "Para Dios no hay nada imposible" había dicho el ángel. 

Esta situación puso a María en medio de un drama social. ¿Qué haría ahora, emba- 
razada? ¿Les podría decir a las personas que había quedado embarazada por el 
Espíritu Santo? Piensa en lo que sucedería hoy, por ejemplo, si una joven soltera di- 
jera eso. En aquellos tiempos, el casamiento era paralelo al noviazgo de hoy. Una 
vez desposados, los contrayentes no convivían durante un tiempo. María quedó en 
una situación, digamos, algo comprometida. ¿Cómo reaccionó a esa situación? No 
se preocupó por las habladurías que vendrían, sólo quiso saber cómo "sería eso", o 
sea, cómo quedaría embarazada si aún todavía no estaba casada, todavía era una 
novia. 

Hay algo más. El Hijo sería el Salvador del mundo, el Hijo de Dios. Eso no sería una 
tarea común para cualquier mujer, sólo para una que fuera consagrada, con un ade- 
cuado sentido de la misión, humilde y muy inteligente como para entender que aquél 
embarazo sería una misión para la humanidad. En otras palabras, ella sería el fun- 
damento de la salvación de la humanidad. 

Pero todavía hay más. Esa mujer debía ser capaz de convertirse en un instrumento 
del Espíritu Santo no sólo para engendrar al hijo de Dios, sino para educar a ese Hijo 
según la voluntad de Dios. Y entonces surge una pregunta clave: ¿Cuántas mujeres 
como éstas han aparecido en este planeta? Puedes estar seguro, no sólo fue María, 
la madre de Jesús. Hubo otras, aunque con esa misión específica sólo hubo una. 



Seguidoras femeninas de Jesús 

Vamos a recordar algo importante de la Creación. La mujer fue creada por Dios para 
ser "ayuda idónea" del esposo. Eso quiere decir que ella es un ser a su mismo nivel. 
La diferencia está en el género, no en la importancia ni en la inteligencia, aunque si 
en la competencia. Es decir que las mujeres deben estar lado a lado con los hom- 
bres en las actividades necesarias. Poseen el mismo nivel de inteligencia pues así 
fueron creadas. Sin embargo, ellas, o ellos, el orden no interesa, tienen competen- 
cias diferentes, o sea, hacen las cosas de manera diferente. En verdad, los hombres 
y las mujeres, con respecto a las tareas que deben ser hechas, se complementan. 

Ahora, hagámonos una pregunta: ¿Qué hubiera sido del ministerio de Jesús sin las 
mujeres? Hubiera sido el mismo fracaso que si hubiera conducido su ministerio sólo 



con ellas, sin los hombres. Lo que vemos, es que Jesús involucró a hombres y muje- 
res. Y cada uno hacía su parte de modo humilde. 

¿Y qué hacían las mujeres en el ministerio de Jesús? Varias cosas. Una de ellas, 
muy significativa, era estar allí. Las mujeres alegran el ambiente, y eso es importante 
para que un emprendimiento sea exitoso. Pero ellas hacían mucho más que eso. 
Aportaban un apoyo logístico, es decir, suministraban alimentos y se encargaban de 
los costos (algunas de ellas tenían posesiones). Las mujeres lavaban la ropa de 
Jesús y la de sus discípulos, las arreglaban, muchas veces proveían un lugar de es- 
tadía, preparaban alimentos, cuidaban de los niños de otras mujeres que llegaban a 
escuchar a Jesús, se preocupaban de ministrar a los ancianos, pobres, etc. Que se 
acercaban a Jesús, ayudaban a organizar el pueblo, y muchas cosas más. Aporta- 
ban apoyo moran en las horas difíciles. No consta en la Biblia el que las mujeres lo 
abandonaron, tal como lo hicieron muchos de los hombres. Como la mujer tiene in- 
corporado el sentimiento del apego, se quedaron al lado de Cristo en su crucifixión. 
Fueron a preparar lo necesario para embalsamar el cuerpo de Jesús y velaron los 
preparativos para que fuera colocado en su tumba. Fueron bien temprano, aquél 
domingo, para concluir su obra. Fue a ellas que Jesús se dirigió en primer lugar para 
anunciarles su resurrección. 

Podemos imaginar a las mujeres haciendo eso y mucho más mientras Jesús cami- 
naba de una ciudad a otra. Aunque no haya registros de ello, podemos verlas cui- 
dando los niños de las personas que venían a escuchar a Jesús, haciéndose cargo 
de los adultos con dificultades, amparando a los más ancianos, proveyendo a las ne- 
cesidades de los más pobres. O sea, haciendo el trabajo normal de cualquier mujer, 
¿Por qué no imaginarlas también cantando a lo largo del camino, algo que a muchas 
les gusta hacer? ¿Por qué no las podemos imaginar preparando los lugares donde 
Jesús iría a predicar? ¿Por qué no imaginarlas organizando el lugar, las personas, 
acomodando a los que llegan, recibiendo a los visitantes, averiguando acerca de los 
curiosos y los interesados? Podemos creer que ellas estuvieron siempre muy ocupa- 
das en los trabajos que surgen como iniciativa de su propia sensibilidad femenina. Es 
lo que se puede deducir partiendo de cómo son las mujeres aún hoy. 



"Si tocare su manto" 

Había una mujer en Israel que hacía doce años sufría de una enfermedad incurable 
para la medicina de la época. Con esa enfermedad, fue clasificada como inmunda, 
nadie debía tocarla y ella no debía tocar a nadie más. Se tomaban precauciones im- 
presionantes para que su enfermedad no fuera transmitida a otra persona. ¿Puedes 
imaginar su sufrimiento, doce años sin sentir el toque de otra persona? ¿Y la debili- 
dad en su cuerpo por el constante flujo de sangre? Era una enfermedad extraña y 
supuestamente incurable para los recursos de aquellos tiempos. 

Entonces ella escuchó hablar de Jesús. Lo que le dijeron de Él fue muy diferente de 
lo que le habían hablado de este o aquél médico. Eso no quiere decir que los médi- 
cos no son buenos, por el contrario. Lo que sucede es que ellos están limitados al 
conocimiento de la ciencia, y hacen lo posible dentro de esos límites. No siempre lo- 



gran la cura de una enfermedad, pero dentro de los recursos humanos disponibles, 
son nuestra mayor esperanza. 

Bien, aquella mujer había gastado todos sus ahorros en los tratamientos de la época, 
pero sin éxito. Cuando todos los recursos de la ciencia humana se agotan y la en- 
fermedad no cede, entonces surge una cierta desesperación e inseguridad, una sen- 
sación de impotencia ante algo misterioso y superior a todos nosotros. Y surge el 
íntimo deseo de que algo sobrenatural acontezca, algo que vaya más allá de todas 
nuestras posibilidades. Hasta los médicos desean que tal cosa suceda en esas si- 
tuaciones. 

Un día escuchó hablar de Jesús. Obtuvo datos acerca de su poder para sanar. Ella 
no fue la primera que fue hasta Él sólo por haber escuchado hablar de él sin cono- 
cerlo. En ella se asociaron dos fuerzas: la del desesperado anhelo de ser sanada, de 
intentar una vez más, y la fe basada en la información que había llegado hasta ella 
acerca de Jesús. De esas dos fuerzas, la fe fue superior, pues ella, avergonzada por 
su situación, que la obligaba a esconderse del público, se acercó por detrás de Jesús 
y entendió, por la fe, que simplemente tocando sus vestiduras sería curada de aque- 
llo que había intentado hacer por todos los medios disponibles. 

Entendamos la fe de esa mujer. Luego de agotados todos los recursos, de no tener 
más esperanzas, ahora, de un momento al otro, desarrolla tanta fe a punto tal de 
creer que solo tocando, sin siquiera hablarle o explicarle nada a Jesús, podría ser cu- 
rada. El propio Jesús hizo referencia a la gran fe que ella poseía. 

Quien le había contado a ella acerca de Jesús le había pasado los datos correctos. 
Ella se dio cuenta de que el Maestro sanaba con sólo su Palabra. Supo que no habr- 
ía tratamiento alguno ni receta de medicamentos. Todo era instantáneo, y ella creyó 
que su caso sería resuelto tal como le habían dicho. 

Por otra parte, no podría haberse revelado públicamente, porque ella no debía estar 
allí: nadie podía tocarla ni ella podía tocar a nadie. Las personas, o se apartarían de 
ella, o le impedirían acercarse al Maestro. Por ello debía ser discreta y actuar secre- 
tamente. Añadamos a esto su timidez, o el rechazo social que se había generado en 
torno a su persona... Era una mujer rechazada socialmente, Imaginemos el sufri- 
miento de esa pobre persona. El modo de actuar de ella fue, en verdad, un imploran- 
te pedido ayuda, y un acto desesperado en busca de una liberación de algo que ya 
no tenía razón de ser. Ya no soportaba vivir así. 

Jaira, en contrasto, tuvo una enferma en su familia, su hija, hacía poco tiempo. El era 
el líder de la sinagoga, y conocía a Jesús. La enfermedad de su hija la estaba lle- 
vando rápidamente hacia la muerte. Este hombre se acercó a Jesús de otra manera. 
Vino de frente, se postró ante Cristo y le pidió que fuera con él a sanar a su hija. 

Las dos son formas válidas de acercarse a Cristo. Las condiciones distintas llevaron 
a que esas dos personas recurriesen a maneras diferentes de valerse de Cristo. Ya 
sea en público, o en secreto, lo que importa es que busquemos a Jesús con sinceri- 
dad. Tanto la mujer como Jaira fueron atendidos y sus pedidos satisfechos. 



Turbada con muchas cosas 

Ubiquémonos en esta escena. Jesús, junto a los discípulos que lo acompañaban se 
hospeda en la casa de María y Marta. Todos entran en la sala y allí Jesús se dispone 
a enseñar. Todos se sientan y escuchan, preguntan y aprenden. Allí también está 
María, que era la dueña de casa junto con Marta, quien estaba recibiendo a los invi- 



Es evidente que era muy necesario que se prepararan alimentos. En esas ocasiones 
siempre hay mucho para hacer. Y en aquellos tiempos todo se hacía a mano. Hoy 
tenemos máquinas que pueden contribuir con las tareas de la casa y aún así, aun- 
que es agradable y deseable recibir a un grupo de personas, da mucho trabajo. Es 
muy lindo trabajar en eso cuando recibimos amigos en casa, pero es algo inevitable. 

Imagina a Marta sólita teniendo que preparar los alimentos para ¿quién sabe? unos 
diez a quince hombres, sino más. Seguro que estaban hambrientos porque venían 
de una caminata. ¿No es entonces que María fue desconsiderada en no ayudar a 
Marta en esa titánica tarea? 

En cierto momento Marta se puso nerviosa con la actitud aparentemente displicente 
de María. Allá estaba ella, sentada a los pies de Jesús escuchando lo que estaba di- 
ciendo. Eso no era asunto de mujeres, así se pensaba en aquellos tiempos. El lugar 
de ellas era la cocina y demás tareas de limpieza. El debate de temas teológicos no 
era para las mujeres. Y Marta se fue poniendo cada vez más airada. Por las palabras 
que usó, podemos entender que tampoco le gustó demasiado la actitud de Jesús de 
permitir que María estuviera con Él en vez de estar ayudando con los preparativos. 

No pudiendo contenerse más, Marta se aproxima a Jesús y le dice: "Señor, ¿no te 
preocupa que mi hermana me deja servir sola? Dile que me ayude" (Lucas 10:40). 
Esa fue una clara reprensión a dos personas: María y Jesús. Al final de cuentas, 
según Marta, El llegaba a su casa y no le importaba que María no la ayudara a ser- 
virle a Él y a sus discípulos. 

Pero la respuesta de Jesús fue inesperada para todos. Dijo una gran verdad que es 
útil para todos nosotros hoy. Muchas veces estamos inquietos con algunas cosas 
que necesitan ser hechas y dejamos de lado otras cosas mucho más importantes. El 
frecuente que tengamos dos cosas para hacer, pero sólo podemos hacer una de 
ellas. En ese caso, debemos escoger lo más importante. Por ejemplo, si está cerca 
la puesta del sol, puede ser que haya algo que hacer en casa. Entonces debemos 
escoger entre dejar todo y santificar el sábado o continuar con los quehaceres hasta 
completar la tarea de la semana. 

En este jueves, por la tarde, resolví cortar el césped. Tenemos un espacio muy gran- 
de, y da bastante trabajo. Pues bien, ya había cortado todo, incluso los bordes. Fal- 
taba rastrillar y colocar el pasto cortado sobre la tierra de la huerta, además de barrer 
todas las veredas. Mi esposa estábamos haciendo el trabajo cuando nos dimos 
cuenta de que ya eran las 19:30. Es nuestra costumbre no perdernos por nada los 
cultos en la iglesia, y en esa tarde nos vinieron ganas de terminar el trabajo para no 
dejarlo sin hacer y terminarlo al día siguiente. Casi cambiamos lo necesario por lo vi- 



tal, pues finalmente fuimos a la iglesia, y casi llegamos tarde. ¡Qué culto maravilloso 
nos hubiéramos perdido! 

Cuántas veces cambiamos una simple programación de la iglesia por un show musi- 
cal secular mucho más atrayente y bonito. ¿Y qué decir cuando dejamos el culto fa- 
miliar para cambiarlo por otra actividad bastante urgente por una vez, luego por otra, 
y así sucesivamente? ¿Y cuando decidimos cambiar el estudio de la Biblia para mirar 
un partido de fútbol, o un programa cualquiera, que ni siquiera es vital ni mucho me- 
nos instructivo? 

Jesús podría haber hecho en ese momento un milagro en la casa de Marta y María. 
Pero aprovechó la ocasión para enseñarle a Marta que se estaba perdiendo lo mejor 
por trabajar tanto. Ella había sustituido a Jesús por algo que era apenas básico y 
había perdido de vista lo esencial. Había provisto el alimento para la vida pasajera y 
había descuidado el alimento para la vida eterna. 

¿Y qué dijo Jesús? "María ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada". La 
buena parta es la vida eterna. 



La mujer junto al pozo 

Jesús iba desde Judea a Galilea, y tenía que pasar por Samaría. Allí, al llegar a una 
ciudad llamada Sicar, siendo la hora sexta, esto es, al mediodía, los discípulos se 
fueron a comprar alimento mientras Él descansaba junto al pozo de Jacob. Al llegar 
una mujer samaritana al pozo, Jesús le pidió agua para beber. La mujer se extrañó 
que Jesús hubiera hablado con ella, debido a que Él era judío, y los judíos no se da- 
ban con los samaritanos. Entonces Jesús entabló conversación con ella, diciéndole 
que si ella supiera quién estaba hablando con ella, sería ella quien le pidiera agua vi- 
va. Ella no entendió, pero se admiró cómo podría hacer esto Jesús, puesto que no 
tenía nada para sacar agua del pozo. 

Entonces Jesús aguijoneó todavía más su curiosidad diciéndole que si volvía a beber 
agua de ese pozo, tendría sed nuevamente, pero quien bebiera del agua que El dar- 
ía, no tendría sed nunca más. Entonces la mujer le pidió de esa agua, a lo que Jesús 
le respondió que llamara a su marido. Ella le contestó que no tenía marido, y Jesús 
le dijo que, de hecho, quien estaba con ella no era su marido, y que ya había tenido 
cinco maridos. 

Con esto la mujer se asustó, notando que este hombre conocía detalles de su vida 
que eran un secreto para otros. Se dio cuenta enseguida de que era un profeta. En- 
tonces introdujo el tema de la adoración. Y eso era lo que Jesús quería. Pronto 
Jesús se reveló a ella claramente como el esperado Mesías. Y eso hizo que ella sa- 
liera corriendo a llamar a las personas de la ciudad diciendo que probablemente ella 
había encontrado al Mesías. Declaró que era un profeta porque había revelado se- 
cretos acerca de su vida. 

¿Qué tenemos aquí? Una mujer que acepta a Jesús cuando se da cuenta que es un 
profeta, con capacidades de discernir detalles de su vida. De inmediato se convierte 



en discípula de Cristo al ir a llamar a otras personas para que vayan a El. Esta mujer, 
que ni siquiera era descendiente de judíos, fue más rápida en aceptar a Jesús que lo 
que muchos distinguidos judíos. Al final, la mayoría no lo aceptó como Mesías, en 
especial los de su propia tierra natal. 



Aplicación del estudio 

"Si las mujeres y hombres comprendieran el sentido de las enseñanzas de Jesús, re- 
conocerían que servir está, en verdad, un escalón por encima, y no abajo, de ser 
servido. La meta de todos debe ser vivir como un siervo útil. Aún cuando, a los ojos 
de algunos, las mujeres de la Biblia no parezcan tan grandes como las autoridades y 
líderes que se describen en la Biblia, su grandeza puede ser medida por los resulta- 
dos de sus buenas obras" 

Reproducimos aquí una oración, hallada en una página de Internet, que puede servir 
de reflexión al estudio de esta semana. A las damas les gustan las poesías, y esta 
oración es una. Hay mucho que aprender de las mujeres de la Biblia, seguidoras de 
Cristo en todas las épocas. ¿Qué tal profundizar el estudio, tal vez una tesis de gra- 
do o de posgrado, de las mujeres en la Biblia? 



Oración de la mujer cristiana: 

"Señor, ayúdame a aprender de.. 



Raquel, el arte de hacerme amante; 

Jocabed, el espíritu de sacrificio y renuncia; 

Débora, la solidaridad y el estímulo; 

Rut, la dedicación y la bondad; 

Ana, la fe y el deseo de cumplir sus votos; 

Mical, la astucia para el bien y no para el mal; 

Abigail, para ser una mensajera de la paz; 

Ester, el desinterés altruista; 

María, la pureza y su sed espiritual; 

Elizabeth, el regocijarme por el bien de los otros; 

Dorcas, el ser útil al necesitado; 

Lidia, el abrir la puerta al que llega cansado; 

La mujer samaritana, el apuro para correr y anunciar la salvación: 



Señor, en caso de ser necesario, quita de mí... 

... /a voluntad de mirar hacia atrás que tuvo la mujer de Lot; 

...la preferencia por un hijo que ejerció Rebeca; 

...el deseo adúltero de la mujer de Potifar; 

...la traición como la de Dalila; 

...los planes macabros como los de Herodías; 



De ti, Señor, suplico... 

... /a paz. 
...la bendición 
... el perdón. 

Amén. 

De todas ellas, ¿cuál fue la más admirable? Sin duda alguna, María, la madre de 
Jesús. Al lado de José, fue una mujer que nos deja muchas enseñanzas sobre la 
humildad. Ella resucitará para vida eterna. Quiero ver bien de cerca el abrazo que 
Jesús le dará al levantarse de la tierra. 

Prof. Sikberto R. Marks 



Comentario da Licao da Escola Sabatina 

© Prof. Sikberto Renaldo Marks 

(marks@unijui.tche.br) 

© Traducción: 

Rolando D. Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com. ar) 

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